Sobre la vida, la muerte y los problemas

En el orden natural de las cosas, la vida y la muerte no son algo que podamos controlar, así como no siempre podemos prever la aparición de los problemas. Una de las grandes bendiciones para el ser humano radica en la posibilidad de vivir en plenitud y morir en el momento justo. Es decir, vivir sabiendo que hay un tiempo justo para vivir y un tiempo justo para morir. Lo opuesto a ello, es un castigo.
De igual modo, sabido es que hay problemas que pueden ser evitados y en cambio hay otros que no pasan por nuestro control. Evitar la aparición de los primeros depende pura y exclusivamente de nuestras acciones u omisiones, y en el otro caso, tomemos el camino de la aceptación procurando el menor desgaste emocional posible.
Es por ello, un actuar inteligente, el tomar conciencia que muchos de los acontecimientos de nuestras vidas suceden como consecuencia de múltiples factores que no podemos controlar.
 

Los días.

Bondadosos los días y frágil la memoria, que me obliga a volcar día tras día el cotidiano peregrinar de mis aventuras y desventuras por este mundo, en un cuaderno que resigna su blanco espacio al transitar suave de mis palabras. Palabras que juegan con la melodía de los misteriosos susurros que emergen de un interior, a veces calmo a veces bullicioso, pero siempre audaz y revelador.

 

Acerca de las relaciones personales.

              Hay que tener mucho cuidado al recibir elogios o alabanzas personales. Sucede cuando alguien nos ensalza demasiado, y nos ubica en un sitial de privilegio enumerando nuestras virtudes y agigantando nuestra vanidad.
            Seamos prudentes para no caer en la fácil tentación de alimentar nuestro ego. Dejemos que corran esas palabras de adulación y se alejen de nuestra mente lo antes posible. No vaya a ser que cuando llegue el baño de realidad, nos golpee fuerte el peso de la desilusión y veamos que el tamaño que ocuparon tantas palabras elogiosas, no es ni siquiera un céntimo del inmenso vacío que deja el desengaño.
            Por el contrario seamos precavidos cuando somos vituperados o mal juzgados por nuestras conductas.       
            ¿Qué contenido moral subyace como sustento en la vida de aquel que con desparpajo se atreve a emitir juicios sobre mi, sin siquiera tener idea quien soy en realidad?, y como podría tenerla, si apenas yo me conozco.
            No dar mayor entidad a todo lo bueno ni todo lo malo que digan de nosotros, es una forma de no entrar en un torbellino emocional sin sentido.
            Por tanto, más vale disfrutar del justo respeto por uno mismo, antes que penar luego por las alabanzas o el descrédito perverso de los brutos. 

Apertura mental

Es difícil pensar que podemos resolver satisfactoriamente los problemas que se nos presentan en la vida, si somos rígidos en nuestra forma de pensar. El asunto es que muchas veces tratamos de encajar los problemas dentro de nuestras soluciones. Es decir, acomodar los acontecimientos a la medida que determina nuestro propio egocentrismo. Como si fuésemos el ombligo del mundo.

Entonces, debemos saber, que no todo se puede negociar; que no todo se ajusta a nuestra solución, y que siempre hay otra mirada, otro punto de vista, otra posible resolución, que no necesariamente nos será satisfactoria. En definitiva, muchas veces es bueno considerar en profundidad, que en ocasiones ganar es perder, tanto como otras veces perder es ganar.

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