CIUDAD DE KAMAKURA: LAS OBRAS CUENTAN LA HISTORIA (Publicado en El Diario del Fin del Mundo: 27-08-1999)

A poco más de 1 hora en tren desde Tokio, está la ciudad japonesa de Kamakura, lugar donde se encuentran dos sitios históricos por excelencia, el Daibutsu y Hase-dera.

EL DAIBUTSU


Cuando uno llega a la estación Kamakura tiene la impresión de estar trasponiendo un portal en el tiempo, pues se está en un lugar donde la tradición es un todo que tiene permanencia en cada rincón por el que uno transite. Para quienes tenemos pasión por las artes orientales en general, observar la exuberante vegetación y las líneas arquitectónicas de las construcciones, o ver una mujer que pausadamente camina ataviada con un elegante kimono por esas calles angostas, nos permite sin ningún esfuerzo, revivir y hasta casi respirar la atmósfera de un pasado que pareciera no tan lejano.


Caminando unos 40 minutos desde la estación se llega a donde se halla la estatua del Gran Buda, habitualmente nombrado Daibutsu. Se trata de una construcción realizada en bronce que tiene una antigüedad de más de 700 años, y considerando su altura de 13,35 metros y un peso de 121 toneladas, es fácil pensar como impresiona los sentidos.

Este verdadero monumento fue erigido en el año 1252 de nuestra era por los escultores Ono Goroemon y Tanji Hisatomo, por expreso pedido de la Sra Idanono Tsubone y el sacerdote Joko, quien no sólo originó la idea de construir una gran estatua y un templo que la cubra, sino que también se ocupó de recolectar los fondos que pudieran hacer posible tamaño emprendimiento.

En el año 1498 una gran marejada barrió el templo que cobijaba al gran Buda, dejando en pie solamente las piedras de la base. Durante los 500 años que siguieron, la estatua sagrada estuvo expuesta a las inclemencias del tiempo, castigada por el sol, las tormentas y la nieve, elementos que han dejado huellas visibles en su superficie.

Otro gran castigo lo sufrió en el gran terremoto del mes de septiembre de 1923, que aunque no dañó el cuerpo, sí destruyó la base, que fue reparada en 1926. La última reparación fue llevada a cabo en los años 1960 y 1961, con el objeto de fortalecer el cuello del Buda y al mismo tiempo hacer posible un movimiento libre en la base, para prevenir daños en la estructura que pudieran ser causados por un eventual terremoto.

Cientos de personas recorren diariamente los senderos y jardines hasta llegar al pie de la gran estatua. No importa de donde provengan, sean japoneses o extranjeros, muchos de ellos permanecen algunos minutos en tranquila meditación, disfrutando de la paz y serenidad del lugar, a la sombra de una imponente obra que sin duda trasciende lo material, dado el profundo contenido espiritual del que está investida.

 

HASEDERA


Muy cerca del Daibutsu, se encuentra Hase-dera, el Templo de Hase Kannon, que en realidad es un complejo de varias construcciones. La tradición cuenta que el origen del templo se remonta al año 721, cuando el monje Tokudo descubrió un alcanforero, en el cual talló dos imágenes de la diosa Kannon, ambas representando once caras del Bodhisatva.

La imagen tallada en la parte inferior del alcanforero fue instalada en Hase-dera, provincia de Yamato, hoy prefectura de Nara y la imagen que talló en la mitad superior fue lanzada al mar mientras se recitaban plegarias destinadas a alcanzar en la tierra una conexión kármica y lograr una toma de conciencia.

Esta última fue arrastrada por las corrientes y llegó a la orilla 16 años después, exactamente en la tarde del décimo octavo día del sexto mes del año 736, en las playas de Nagai, en la península de Miura, emergiendo de las aguas brillando en forma resplandeciente.

Esta escultura de Kannon fue transportada hasta su actual emplazamiento en Kamakura, donde se guardó celosamente como imagen central en un nuevo templo, al cual Tokudo fue invitado especialmente para su establecimiento. Así se relata en forma sucinta el origen de Hase-dera.

La figura de Juichimen Kannon en el templo principal, tiene 9,18 metros de altura y es la escultura en madera más grande de Japón, y sus once caras representan diferentes expresiones y aspectos del Bodhisattva. En el complejo, se encuentran también varios templos de tamaño algo menor en los que están colocadas otras tantas esculturas de Amida Buda, y otros dioses que representan distintos aspectos de la vida y la naturaleza.

En uno de ellos, es posible apreciar un gran Kakeshiku (dibujo hecho en tela, para colgar, que también es posible mantener enrollado), con la representación de Bodhidarma, quien es reconocido como el monje que sentó las bases de las artes marciales chinas, alrededor del año 520.

 

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