Cancer

Una paciente sale del consultorio luego de entrevistarse con su médico:
-¿Tengo cáncer?, no puede ser, el informe debe estar equivocado-.
-Hospital público tenía que ser, atienden a tanta gente, tantos paros, nunca tienen insumos. Pero la doctora me dio el diagnóstico acompañada de otro profesional, y los dos estaban muy serios cuando leyeron el informe. Parece que ellos no tenían dudas-.
-No, no, esos médicos se confundieron, voy a hacerme todos los estudios en un privado y después les hago un juicio grande como una casa, darme semejante noticia-.
-Taxi, taxi, nunca están cuando uno los necesita, pero para aumentar la tarifa, eso sí que lo hacen rápido-.
-Con 46 años, 2 hijos, un buen trabajo, un buen marido, el año que viene mi hija cumple los quince ¿Y ahora qué hago? No, esos doctorcitos a mi no me engañan, se equivocaron, mejor que sigan haciendo partos que para eso son buenos.


-Taxi, taxi, mírame por lo menos, y esta lluvia que no para, igual que la doctora, no paraba de decir palabras raras, que la químio no se cuanto, que la resonancia magnética, y la alopecia, los edemas, acitis, tratamientos paliativos para tener una buena muerte ¿Dónde se ha visto? ¿Qué muerte puede ser buena?-.
-Un océano oscuro y profundo de palabras dolorosas, y todo porque tengo un poco de perdidas con olor fuerte, ma si, me higienizo más seguido y chau-.
-Taxi, por fin, Alem 1100. Hace horas que espero, que servicio tan deficiente, como se nota que no tienen competencia-.
-Si señora-.
-Ahora, suponiendo que esos doctorcitos tengan razón, que yo me haya graduado y recibido de, paciente oncológico ¿Qué me va a matar, el cáncer o la medicación?-
-¿Si no me hago la quimio viviré menos, igual, o mejor?-
-¿Me va a matar el cáncer o la manera lapidaria en que el profesional dijo: es irreversible, usted no se va a curar-.
-Entonces ¿Qué o quién podrá curarme? ¿Algún té, alguien que haga equilibrio bioenergético, alguna terapia alternativa?-
-Al final de cuentas, ¡se venden terrenos en la luna y no se logra ningún remedio eficaz para esta porquería del cáncer!-.
-Tal vez me ayude el trato más humanizado de la enfermera, que con su silenciosa presencia alivia, acompaña, consuela, tienen que soportar cada cosa y a cada uno-.
-¿Será el cáncer el que me mata, o será el rencor, el dolor que guardo en el alma como un tesoro valioso?-.
-Quizás, si hubiera hecho menos horas extras, si hubiera reído mas, y puesto menos castigos y besado mas a mis hijos ¿Habré sido una buena madre y esposa?, si en lugar de haber apedreado a ese perro que me rompía la bolsa de basura le hubiera dado las sobras de comida y un poco de agua-.
-Si en vez de cerrarle la puerta en la cara a esos misioneros que todos los domingos venían a preguntarme si creía que la paz en el mundo era posible, flor de pregunta. Les hubiera dicho simplemente que hablemos en otro momento-.
-¿Qué habría sucedido si en lugar de haber construido una pared de bloques para no ver a mi vecino, hubiera hecho un cerco de arbustos?-
-Ese gordo sin remera y en short haciendo asado y llenándome la casa de humo; en una de esas me hubiera animado a pedirle que me cocinara un pollo en su parrilla y hasta creo que me habría gustado-.
-Y bueno, ahora ya está, es tarde, lo tendría que haber pensado antes ¿Pero por qué me tuvo que tocar a mi?, qué vida de mierda-
-¿Cómo será la muerte? ¿Veré el túnel de luz, vendrán ángeles a recibirme?-.
-¿Me moriré rápido o será una larga agonía? ¿Será en mi casa, con mis cosas amadas, o en el hospital llena de sondas, mascaras y sueros? ¿Habrá alguien acompañándome, o estaré sola? ¡Dios!, no, sola no, y encima ahora me acuerdo del tío de mi amiga, que murió de cáncer a los huesos y lloraba del dolor-.
-¿Y a mí me dolerá mucho?-.
-Bueno, dicen por ahí, que un tal Jesús murió a los 33 años con un sufrimiento terrible y tampoco él había hecho nada malo-.
-Tal vez éste sea el momento de conocer un poco más a ese tal Jesús, no, pero esto no puede ser, aquí hay algo que está mal, a mi no me puede pasar-
-Ya llegamos Sra.-
-¿Y ahora que le digo a mi marido?-
-Sra. ya llegamos-
-Está bien no me grite, y Ud. encima me trata mal, que desconsiderado, ¿cuánto es?-
-20 pesos-.
-¡Es un robo!, ya mismo voy a quejarme a la agencia-

Hay palabras que al ser escuchadas tienen un efecto inmediato en nuestra psiquis, en nuestro organismo (incluso en el imaginario colectivo), a tal punto, que son capaces de inducir una reacción del sistema nervioso autónomo, cuyo origen es apenas el sonido de un vocablo. Una de ellas es la palabra cáncer (17), término que instantáneamente asociamos con la muerte, el padecimiento, el dolor y la angustia.

En el terreno de la ciencia en general, cada día es una oportunidad de asomarse a un nuevo descubrimiento, y en algunas áreas la capacidad de asombro se ejercita permanentemente. De tal forma, leemos noticias que nos cuentan cómo se está explorando el espacio hasta límites impensados, recibiendo imágenes fotográficas (enviadas por naves robots) que antes sólo eran posibles en la imaginación de un audaz escritor de ciencia ficción.

La ciencia médica ha avanzado en el conocimiento y tratamiento de enfermedades, algunas de las cuales han sido erradicadas por completo; ha llevado a cabo el impresionante proyecto genoma, mediante el cual los científicos han cartografiado la secuencia completa de ADN de un ser humano. No obstante, hay un flagelo que aun mantiene en jaque a la vida de los seres humanos, y su nombre es: Cáncer. No es la única enfermedad mortal, de hecho, el SIDA despertó como una plaga que azota a la humanidad, y aun con lo que significa, tengamos en cuenta que el SIDA siempre tiene un hilo conductor de responsabilidad, pues a diferencia del cáncer el mismo es transmisible.

Más allá de cualquier descubrimiento, el cáncer sigue siendo sinónimo de miedo profundo, de ese que nos conmueve hasta los tuétanos, y aunque se admiten múltiples causas potenciales, todavía no se conoce su etiología básica o su fisiopatogenia. Es como una especie de talón de Aquiles de la humanidad, a quien no le interesa el sexo, la edad ni la condición de una persona. Grandes y pequeños, fuertes o débiles, ricos o pobres, todos podemos ser víctimas de este gran victimario terrenal.

En algunos casos, es producto de usos y abusos (como el tabaco, el alcohol, el sol), pero en otros, sólo Dios sabrá. En ocasiones, se anuncia de a poco y somete a la persona a un tránsito de terrible peregrinación por el sufrimiento de una muerte anunciada, en otros, golpea la puerta con apenas un rato de anticipación, casi, como para no dar tiempo a reaccionar. En otros tantos, el remedio (que pocas veces es garantía total) pasa por la pérdida (extirpación) de alguna parte del cuerpo, previa inclusión en la vida del infortunado de la palabra “metástasis”, que (antes desconocida) a partir de allí se incorpora al lenguaje cotidiano.

Es inevitable preguntarse cuándo se hallará la cura para este flagelo, depositando así todas nuestras expectativas en manos de la ciencia, y en esta abstracción quiero citar unas líneas de la obra “La Enfermedad Como Camino”, en la cual sus autores (18), (uno licenciado en psicología y el otro Doctor en medicina y psicoterapeuta), aportan una particular visión sobre la condición humana frente a las enfermedades.

Dicen que (…) Para comprender el cáncer hay que dominar el pensamiento analógico, y realizan un extenso parangón entre el comportamiento social del individuo y el de las células cancerígenas pues, sostienen que los seres humanos se comportan de igual modo y tratan de asegurar su supervivencia por el mismo procedimiento que utiliza el cáncer, y expresan: ¿De dónde sacan los hombres que así se comportan el valor y la desfachatez para quejarse del cáncer? ¡Si no es más que nuestro espejo! El nos muestra nuestra conducta, nuestros argumentos y también el final del camino. No hay que vencer el cáncer, sólo hay que comprenderlo para poder comprendernos a nosotros mismos. ¡Pero los seres humanos siempre tratan de romper el espejo cuando no les gusta su cara! Los seres humanos tienen cáncer porque son cáncer. El cáncer es nuestra gran oportunidad para ver en él nuestros vicios mentales y equivocaciones. Estemos de acuerdo o no con los autores, su lectura provoca reflexión, porque si uno lo analiza con detenimiento, comienza a entender lo que al principio parecía una agresión.

Ya no es exagerado pensar que el poder del cáncer es tan inmenso, que no solo consume al huésped que lo contiene sino que se extiende como por ósmosis al entorno inmediato de éste, al que de una u otra forma también aborda e intenta consumir. Pero el cáncer es tan ciego, que no sólo termina con el huésped sino también consigo mismo.

Sobre este tema he compartido sendas conversaciones con una de mis estudiantes y ella me decía que se había cruzado con el cáncer bajo diferentes circunstancias, y basada en el aprendizaje que le había dejado, solía sugerirle a algunos pacientes o allegados personales, que utilizaran el cáncer como un semáforo en la ruta de su vida. Un semáforo en rojo, a partir del cual debían tomarse unos minutos para mirar de frente y con valor su pasado y entonces: Perdonar y Perdonarse.

Luego, con el semáforo en amarillo, tomarse otros minutos para decirse: ¡Soy feliz!, ¡Soy feliz!
Encender la luz verde y gritar: ¡Soy Feliz!

Desde ya que no es fácil, pero tampoco imposible, y muchos suelen pensar que estando solos, sin amigos, o con dificultades económicas, y encima con una enfermedad que puede ser terminal difícilmente se pueda ser feliz. Pero, me decía, Yo siempre les digo que el primer paso es dejar completamente atrás su pasado, porque si hay algo que sí está en nuestro poder, es la capacidad de liberarse de toda pena y rencor.

Son estos factores, de orden espiritual, los que obran los grandes cambios que a veces solemos llamar milagros y que reflejan exterior e incluso orgánicamente la férrea y absoluta decisión de eliminar todos los lastres internos que nos enferman.

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