¡VIVIR EN USHUAIA! (Publicado en El Diario del Fin del Mundo: 20-07-2006)

Isla, montañas y mar, mal clima, una sola ruta terrestre y una inestable vía aérea como salida, no son poca presión para la sociedad que habita la ciudad más austral del mundo. Sin embargo no es la única cuestión.

La condición de insularidad no es patrimonio de los fueguinos. El clima tampoco es el peor de todos y hay sobrados ejemplos de geografías más adversas. No obstante, y particularmente quienes vivimos en Ushuaia, tenemos una sensación de encierro que unas veces más y otras menos, nos asalta en algún momento del año. Es la misma sensación que experimenta quien vive en un departamento de un ambiente en contraposición con quien lo hace en una casa con terreno. El hábitat cotidiano finalmente actúa como disparador de una actitud psicológica determinada que genera un perfil particular en cada individuo. Cada uno, consciente o inconscientemente se comporta según las presiones que el medio donde vive, ejerce sobre él.


Vivir en Ushuaia, trae aparejada una serie de contradicciones permanentes que no pasan sin dejar huella en cada persona. Por una parte las condiciones climáticas nos obligan a estar con ropa abrigada casi la mayor parte del año, y cuando doña natura nos obsequia con días soleados, que nos permiten despojarnos de la ropa pesada, nuestro ánimo cambia de forma evidente.

La visión permanente de las montañas, con su admirable belleza, en cualquier estación del año, no deja de ser la visión de las paredes que nos mantienen aislados, de allí la particular sensación de apertura que se experimenta cuando en un viaje por tierra, terminamos de cruzar la cordillera y ni hablar del momento en que cruzamos el estrecho de Magallanes y el horizonte va más allá de lo que nuestros ojos pueden abarcar.

Esto es una clara evidencia de que las masivas salidas anuales de vacaciones, obedecen no sólo a la necesidad de tomar un merecido descanso, sino de permitirle a la mente y al cuerpo, experimentar la imprescindible y agradable sensación de libertad que renovará nuestras energías para enfrentar el año siguiente.

Porque es la mente la que elabora, a partir de las sensaciones que perciben los sentidos, nuestro estado de ánimo, y éste condiciona nuestro comportamiento cotidiano que a su vez influye en las interrelaciones personales.

Esto quiere decir que, clima, geografía, hábitat individual, condición económica general y particular y situación política local, determinan una característica en cada uno, que define el tipo de sociedad en la que vivimos.

Evaluar la posibilidad de irse a vivir a otra parte, no es algo tan sencillo, justamente porque al hacerlo deben ponerse en la balanza, los pro y los contra. Analizado bien a conciencia no creo que existan grandes beneficios que marquen la diferencia a favor, al mudarse de Tierra del Fuego.

Dependiendo del lugar que uno haya elegido para irse, el primer beneficio podría ser el de contar con estaciones bien diferenciadas y la posibilidad de salir del lugar de residencia con mayor facilidad lo que otorga una buena sensación de libertad. Nuevamente, lo que perciben nuestros sentidos, es un mensaje que la mente transforma en sensaciones y emociones diversas. La sensación habitual aquí durante casi todo el año, es de encierro y frío. ¿Alguien escuchó alguna vez la frase: “los fueguinos son cerrados”?

La libertad de disfrutar de la naturaleza, está cada vez más restringida a la observación desde nuestra casa, pues donde queramos ir, nos topamos con un cerco y una tranquera a diferencia de años atrás.

El aspecto económico, en otros tiempos todo un gran tema, hoy no lo es tanto. En realidad la situación económica general de la provincia no escapa a lo que es el resto del país, pero sin dudas, aquí se está mejor que en otras provincias. Imaginemos (haciéndonos cargo de nuestra propia inacción), cual hubiera sido la situación actual si no hubiéramos permitido que unos cuantos personajes cometieran los desmanes que hemos visto en las arcas del estado. Esto sería un pequeño paraíso, ya que es difícil hallar una provincia que tenga una relación de ingreso/habitante, igual a la nuestra.

Muchas veces me pregunto por qué nos ensañamos con aquellos que hoy desempeñan una función pública y denominamos como “políticos”, siendo que son ciudadanos iguales que nosotros (porque los políticos no vienen de Júpiter), y que no hacen sino reflejar el lamentable deterioro al que ha llegado nuestra sociedad. Ellos, los políticos, o sea, un ciudadano común, pero con un cargo en el estado (salvando las honrosas excepciones), se comportan de la misma manera en que lo hace mayoritariamente la sociedad, y digo mayoritariamente, porque si fueran minoría, su irrestricto accionar no les sería posible.

Ahora, con la consabida crisis por el tema de las tierras, todos le echan la culpa a los políticos, y en tanto ello tiene un asidero, debido a que es una excepción hallar un gobierno que diagrame políticas de estado para la provincia, hay una determinante responsabilidad de los ciudadanos, que en connivencia con inescrupulosos, se han apoderado de tierras en forma indiscriminada y además las han comercializado. En unos casos, alguien usurpó, parceló y vendió lo que no era suyo y hubo otro que compró efectuando una transacción ilegal, y a quien es absurdo señalar como víctima inocente. En otros, alguien se apoderó de lo que no le correspondía y luego, queda la opción de poner de por medio a los hijos y a la familia para defender lo indefendible, o de negociar entre gallos y medianoche.

La justicia, un verdadero sainete, triste y lamentable, con jueces que no están a la altura de su función. La fiscalía de estado, que debería ser el contralor del estado provincial y defensor de la transparencia en los actos de gobierno, garantizando el derecho de los ciudadanos a no ser estafados por el propio estado, y a que no se malversen los fondos públicos, no es hoy y desde hace años, más que una simple, oprobiosa y triste caricatura.

Otro aspecto, es que esta sociedad es tan particular como heterogénea. En muchos momentos se la acusa de falta de arraigo, de no querer a este terruño, de querer hacer plata para irse, de egoísta, etc.

Hay que rascar la superficie, para encontrarnos con que nuestra comunidad cuenta con personas de una notable capacidad en distintas áreas. No debería pensarse que aquí solo vienen o han venido, como suele decirse, lo peor de otros lados. La calidad humana, la preparación y capacidad de muchas personas de la comunidad, es un valor agregado muy importante, que bien aprovechado es un factor decisivo para el crecimiento en distintas facetas del quehacer comunitario.

Aun así, muchas veces se persiste en traer gente de otros lados para que vuelque sus experiencias y conocimientos a quienes vivimos en la ciudad y en tanto y en cuanto en algunos casos la relevancia de quienes nos visitan no está en discusión, creo que también deberían generarse los espacios de reconocimiento a quienes viviendo en Ushuaia, han alcanzado importantes niveles de desarrollo personal y profesional en las ciencias, la cultura, la salud y otras áreas de incumbencia.

Por ello, es que muchas veces no nos damos cuenta y buscamos allá lejos lo que tenemos delante de nuestros ojos. Vivir en Ushuaia no es fácil como no lo es en otras partes, quizás la verdadera cuestión pase por la madurez, la tolerancia, la responsabilidad, el respeto y la solidaridad, condiciones realmente ineludibles de toda comunidad que pretenda crecer de verdad.

 

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