Hiroshima

 

Un corazón a prueba de todo y una mente sin límites,
 
sólo así podrás enfrentar la experiencia única del dolor
 
que se siente frente a esas otras realidades,
 
de aquellos ignotos que tuvieron el triste sino
 
de estar donde no debían, por haber nacido
 
donde quisieron.
 
Si la palabra sufrimiento tuviese un par irreemplazable,
 
su nombre sería Hiroshima,
 
una viga de acero ardiente y perpetua que atraviesa
 
el corazón de la humanidad
 
cada vez que el reloj marca las tres y cuarto.
 
Hiroshima, tragedia, angustia y clamor intestinal
 
de un pueblo arrasado por la ignominia irreverente de la impotencia
 
y estupidez humana.
 
Indescriptible destino el de aquellos que fueron evaporados,
 
inconmensurable su tormento,
 
inimaginable la sed.
 
Nunca antes vista tal destrucción
 
ni tamaña desolación entre los sobrevivientes
 
que se levantaron de las cenizas que dejó el hongo devorador.
 
Ni las 1000 grullas inconclusas quebraron tu fuerza interior,
 
porque ellas, como Sadako, y a pesar de la muerte,
 
son ineluctable símbolo de paz y fortaleza espiritual.
 
Y aquí estás hoy, renovada y surgente
 
en la elevada dignidad de tus rascacielos
 
que se inclinan ante la memoria gigante de tus padecimientos
 
presentes en el domo, en los museos, en los cuidados escombros
 
y en el agua, que habita en todas tus calles como símbolo imperecedero
 
de una sed tan vasta, calcinante y aniquiladora,
 
como el sol que explotó a seiscientos metros de altura.
 
Hiroshima, ayer, hoy y siempre apretará mi corazón
 
el tan solo nombrarte.
 

A todo galope

Aferrado a las crines de mi cabalgadura,
raudo atravieso los ásperos escenarios
dando rienda suelta al potro de mis aventuras.
Cual jinete indómito que no se arredra
voy tratando de apresar el horizonte
de mi vida en esta y en otras tierras.
Fiero el deseo que me anima a taconear el vientre
de la bestia que sensible ya reacciona
sin anticipar un desenlace casi inminente.
Pero el buen jinete ha de tener presente
que no hay tarea más ardua y comprometida
que sofrenar el abierto galope de la mente.

Plegaria para un Hayku

Quiera acaso, la divina providencia

acariciar con su halo mis más íntimas pretensiones.

Pueda mi espíritu, iluminar el esquivo

manantial de mi inspiración.

Quiera el destino, calme mi sedienta ambición

de imperfecto mortal abrevando en sus aguas.

Pueda yo, ser tocado por la fortuita vara del azar

y visitar el seno donde habita el Haiku revelador.

Quiera entonces, no se subleve mi mente y

sucumba ante el embate de la emoción.

Pueda así, hallar las palabras justas y la armonía

de una realidad mágica en tan solo tres versos. 

Los otros

A los graves habitantes de un mundo real
cargado de irrealidades, y
a los tantos interrogantes aciagos
que intrusan mi mente sin ser llamados.
A mis tantos Yo, cotidianos,
a mis pocos Nosotros, necesarios,
a mis siempre presente, los otros.
Esos otros que no somos nosotros
y que son ellos
y que no me importan,
porque sólo son, los otros,
esos más allá de mí.
Más allá de lo mío y de lo tuyo.
Lejos de mis necesidades
de mis satisfacciones
y quizás mucho más lejos de sus privaciones.
Son los otros
esos que no me importan
aquellos destinatarios de mi indiferencia.
Porque no me hicieron nada
porque no me dieron nada
porque no les saco nada
porque es lo mismo si están o no.
Ellos, hermanos míos y tuyos,
son los otros,
esos que mi egoísmo no deja ver
esos sin los cuales yo no existo
porque para ellos
yo soy parte de los otros
y si ellos no existen yo tampoco.
Por eso es un mundo real
cargado de irrealidades.
Si yo los ignoro
si ellos me ignoran
el Yo no sirve, no alcanza
porque los otros también son parte de mí.
 
Autor: Daniel Spinato

Suscribir al Boletin

Ultimos Tweets

Usuarios en Linea

Hay 28 invitados y ningún miembro en línea