KARATE COMO ARTE MARCIAL O COMO DEPORTE

Por Daniel A. Spinato

Comencé a practicar karate en 1976, y aun no me veo a mi mismo como un maestro, sino como un estudiante con experiencia que desea fuertemente seguir aprendiendo.

A esta altura de mi vida, habiendo experimentado los torneos de artes marciales, estoy convencido que debería haber una firme y clara división entre los dojos que entrenan el karate competitivo y aquellos que entrenan el karate como arte marcial sin orientación hacia la competencia.

En una clase de karate en la cual la competición no es el objetivo, al estudiante no le queda otra alternativa que lidiar con la repetición interminable de técnicas básicas, kata, las distintas variantes de kumite y el uso constante de los elementos de fortalecimiento de las áreas de contacto, tales como el makiwara, las bolsas, bolas de hierro, masas, etc. con el fin de potenciar su armamento natural y la resistencia física y mental, con la idea de nunca tener que poner sus conocimientos y condiciones en práctica, salvo en alguna situación excepcional, y en ese camino volverse una mejor persona para sí mismo y para la sociedad.

Lo expresado anteriormente no se impone en la mayoría de los casos, ya que para muchos es aburrido y tedioso hacer lo mismo clase tras clase. Por esta razón hay cada vez menos dojos con estas características en todo el mundo.

La competición deportiva se ha masificado en forma contundente y es una expresión de la diversidad de miradas y opiniones sobre un mismo tema, algo que nos distingue como seres humanos. Pero sin duda esta faceta del karate ha modificado la dinámica de las clases, ya que durante el desarrollo de las mismas, en mayor o menor grado, suele primar la preparación para la competencia. Ello es bueno para la faz deportiva del karate, pero va en detrimento de los atributos del karate tradicional no competitivo. Párrafo aparte merece el ambiente de los torneos, que está muy alejado de la atmósfera que se respira en una clase tradicional.

Son dos caminos diferentes y pienso que ambos no se pueden cultivar al mismo tiempo, primero por una cuestión de objetivos distintos y en segundo lugar por una cuestión de tiempo. Es por eso que habría que trazar una línea entre una y otra corriente dentro del arte marcial del karate, de forma tal que el instructor pueda explicar con eficacia a los nuevos aspirantes, cuál es el camino que van a recorrer, a fin que cada uno tome la decisión que más le agrade.

El concepto generalizado dice que durante la juventud prima la competencia y a medida que avanzamos en edad, las condiciones corporales y mentales van cambiando y allí cambia la orientación de los entrenamientos, sin embargo la preparación en el karate tradicional no competitivo requiere de atributos que han de cultivarse desde temprana edad y no debería dejarse para las etapas posteriores a la juventud, también por cuestiones naturales.

Creo que estaría bien pensar y reflexionar un poco acerca de este tema.

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